En Castel Gandolfo, el Papa León XIV presidió la concelebración eucarística con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

En Castel Gandolfo, el Papa León XIV presidió la concelebración eucarística con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

La verdadera belleza en los signos del amor

“La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del paso del tiempo, sino en mostrar impresos también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin (cf. 1 Co 13,8)”.

Así lo afirmó el Papa León XIV durante la concelebración eucarística celebrada en la Parroquia Pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, el sábado 15 de agosto por la mañana, solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

Con León XIV concelebraron el Arzobispo Petar Rajič, Prefecto de la Casa Pontificia; el Obispo de Albano, Monseñor Vincenzo Viva; el párroco, don Tadeusz Rozmus; el Rector Mayor de los Salesianos, don Fabio Attard, y el Procurador General, don Pierfausto Frisoli.

A la concelebración asistieron, entre otros, el director de las Villas Pontificias, Andrea Tamburelli, y el padre Gabriele Gionti, vicedirector del Observatorio Vaticano.

Al término de la misa, el Papa donó a la parroquia un cáliz, que fue entregado al párroco.

Alrededor de dos mil fieles estuvieron presentes, en su mayoría congregados en la plaza de la Libertad, frente a la iglesia, desde primeras horas de la mañana para esperar la llegada del Pontífice y escuchar sus palabras.

Tras la celebración, el Papa salió al atrio de la iglesia para saludar a los fieles presentes. Posteriormente, regresó a la residencia del Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus, durante el cual hizo referencia a los dos modelos iconográficos con los que, a lo largo de los siglos, los artistas han representado el misterio de la Asunción de María al Cielo.

En particular, recordó el más antiguo, el de la “Dormición” de la Madre de Dios, y el más reciente, “desarrollado posteriormente en Occidente”, que “nos muestra, en cambio, a la Virgen María de cuerpo entero, en el cielo, envuelta en luz, a menudo rodeada de ángeles y santos”.